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RevolusocialMedia
Cuando hace 10 años hablábamos sobre la velocidad del cambio ni siquiera soñábamos con la avalancha de innovaciones que se vendrían. En la facultad me formé para trabajar en un modelo de agencia de publicidad que hoy es obsoleto. La revolución que supone la explosión de las redes sociales, implica un nuevo formato de relacionarnos con el mundo. La ruptura del paradigma se da por el hecho que el hombre moderno se informaba sobre lo que sucedía en el mundo a través de un cúmulo defuentes limitadas y concentradas. Hoy, nuestra visión está construida por miles de fuentes fragmentadas y dispersas. Construir estrategias de comunicación en medio de ese caos es una desafío al que pocas empresas e instituciones han tenido el valor de enfrentar hasta hoy. Seguir llamando “Publicidad” a las comunicaciones de marca entre empresas y consumidores supone un riesgo que está cercano a una anacronía.
Hoy nos encontramos en un contexto adonde el valor de la palabra y de la imagen están resignificados por el poder de las redes. Unas redes adonde el verdadero poder está distribuido entre millones de personas. No estamos hablando de una revolución de la comunicación, sino en nuestro sistema político y económico porque afecta desde la forma en que trabajamos a la manera en que accedemos a los bienes de servicio o elegimos a nuestros representantes. Es posible que alguien me acuse de arriesgado por estas aseveraciones, pero estoy seguro que dentro de 10 años, serán tildadas de tímidas e ingenuas. LaRevolusocial Media empezó hace rato. En el Social Media Week Buenos Aires, vamos a pensar juntos en qué estadío de este proceso nos encontramos.
¿Cuántas veces viste The Wall?
Cuando yo tenía 15 años, a nadie se le ocurría preguntarte “¿Viste The Wall?” La pregunta correcta solía ser “¿Cuántas veces viste The Wall?” Si tu respuesta era 1 o 2 veces, eras mirado como un indiferente o un idiota. Recién a partir de las 4 o 5 parecías ser merecedor de algún respeto y solo a partir de las 8 o 9 empezaban a considerarte “uno de los nuestros”.
Buenos Aires parece haber entrado en un estado de TheWallmanía. Roger Waters hará 8 conciertos en el estadio River Plate sobre su obra más emblemática y el mundo se muestra sorprendido por lo que ya parece ser un record de presentaciones en vivo.
Estuve hace un par de años viendo “Dark Side of The Moon” con el mismo intérprete en el mismo escenario, y a pesar de que el show me voló la cabeza, apenas hubo un par de presentaciones del mismo. Sin ánimo de querer explicar el verdadero porqué de este nuevo fenómeno (he escuchado diferentes teorías y todas tienen algo de razón), creo que vale la pena recordar los que significó el fenómeno The Wall para mi generación. Sé que muchos pibes van a ir al concierto imaginando que este suceso histórico se explica en una combinación explosiva de escenografía, luces y sonido. Vale la pena agregar algunas líneas sobre esto.
The Wall es un disco de Pink Floyd lanzado en 1979 y la película dirigida por Alan Parker se lanzó en 1982 (post Malvinas en épocas que el gobierno Militar iniciaba la retirada). Como correspondía en esas épocas, el film era estrictamente “Prohibido para menores de 18 años”. Yo tenía apenas 14 por lo que tuve que esperar algunos años para poder verla. Para cuando llegue a los 18, la película ya había salido de cartel, pero por suerte, había un cine de culto llamado Select Lavalle que durante más de 10 años la pasaba en exclusiva en la trasnoche de los sábados.
Por eso, cuando pintaba un sábado sin programa siempre alguien arriesgaba “¿y si vamos a ver The Wall?. Ya sabíamos que el Select Lavalle desbordaba cultores de Floyd, así que había que llegar temprano. Había un acomodador con carácter de perro que te perseguía con la linterna si encendías un pucho al apagarse las luces al grito de “apagá el cigarrillo”. Por eso era inevitable, cuando en la primera secuencia del film, el plano mostraba a Pink tirado sobre un sofá en una inexpresiva habitación de hotel sosteniendo un cigarrillo consumido entre sus dedos, que toda la sala gritara al unísono “APAGÁ EL CIGARRILLO!!!”
La película no se vivía como solemos experimentarlas usualmente, tirados en las butacas. Era una experiencia social que compartíamos quienes allí nos reuníamos y le rendíamos culto como si fuéramos peregrinos de una congregación. Pink Floyd The Wall no era ni un disco ni una película. Era nuestra manera de mirar el mundo. Ese mundo represivo y asfixiante que nos alienaba, se parecía bastante a ese espacio irrespirable que fue la Argentina de la dictadura. Creo que cualquier pibe de Buenos Aires podía sentirse más identificado con ese ambiente opresivo que un adolescente de Londres o Nueva York. Ese muro que habíamos derribado desde lo formal desde la llegada de la democracia seguía estando presente en las instituciones que nos rodeaban, en amplios sectores de nuestra sociedad y continuaba todavía habitando la vida de muchas personas.
The Wall era nuestra manera de soñar con un mundo mejor. Derribando las fronteras de los posible, de los guetos que nos alejaban de la realidad, de los silencios que nos impedían enfrentar el pasado, de los temores a reconocernos como diferentes.
Para quienes vayan el próximo mes de Marzo al estadio de River esperando encontrar un show de escenografías majestuosas con luces hipnóticas y fuegos de artificio, sepan que ese muro que Roger va a derrumbar con estruendosa pantomima, representó para muchos de mi generación algo más que esos trozos de telgopor desperdiciado. Ese muro representaba la ruptura con un pasado oscuro, tenebroso y asfixiante. La caída de ese muro nos animaba a buscar un futuro más luminoso, disruptivo y estimulante. Un futuro sin educación represiva y alienante. Sin miedos ni temores ni doctrinas de pensamiento único.
Mientras muchos no pueden explicar el porqué de las dimensiones de este fenómeno, para mí es absolutamente lógico y natural.
Bienvenido Roger Waters a Buenos Aires. Vamos a volver a encontrarnos; esta vez va a ser en vivo y en directo y hasta mi hijo me va a acompañar. Estoy seguro que seremos muchos los que festejaremos juntos por esos muros que seguimos derribando todos los días.
Milagrosamente, después de los ocho shows de Waters en Buenos Aires podremos volver a preguntar una y otra vez; Y vos ¿Cuántas veces viste The Wall?

