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Negra Eterna

Mercedes Sosa

Suena en mi cabeza la ya eterna Negra Sosa que tantas noches me arrullara con su poderosa voz, su inigualable sutileza al articular palabras y melodías y su destreza en el arte de conmovernos con su canto. Solo quiero recordar tres momentos de mi vida en donde su presencia me emocionó.

Tengo la debilidad de meterme en las disquerías de cualquier lugar del mundo que recorro. Desde chiquito lo hacía en el Centro Cultural del Disco de Belgrano y nunca deje de hacerlo al lugar al que fuera. Despues de revisar estantes en disquerías de Paris, Estambul, Budapest, Jerusalen, Nueva York, Atenas, El Cairo y hasta en la Esmirna natal de mi abuela, descubrí que sólo dos artistas argentinos eran presencia obligada en todas ellas. Uno era Astor Piazolla, la otra, la Negra Sosa. En algunos casos con ediciones propias locales y hasta recitales en vivo brindados en cualquier rincón del mundo. Es como que en todo el mundo, una disqueria no es tal si no tiene un disco de la Negra. Suena extraño, pero alli adonde pude, me calcé los auriculares para deleitarme con su voz y sentirme de nuevo en casa, al menos en el tiempo que durara la melodía.

También descubrí que la voz de la Negra fue refugio de todas las comunidades latinoamericanas que por motivos políticos o económicos tuvieron que emigrar a distintos rincones del planeta. Uruguayos, Peruanos, Chilenos, Argentinos, Mexicanos, y Venezolanos sentían que volvían por un rato a su tierra disfrutando sus conciertos en Australia, Canadá, Israel, Suecia o Finlandia. No son muchos los artistas latinos que pueden llegar a esos rincones y mucho menos tan representativos de nuestra tierra como ella. Embajadora eterna del talento y la emoción.

Me recuerdo trabajando en la cocina de un hotel en Eilat (Israel) y en los almuerzos obligados con un chileno, un peruano y un mexicano, hacer chistes sobre el ego de los argentinos y sus tilinguerías parecía ser el plato preferido de mis colegas. Sin embargo todavía recuerdo cuando uno de ellos me dijo con lagrimas en los ojos que Mercedes Sosa no solo era la mejor embajadora de la cultura latinoamericana en el mundo, sino además la mejor prueba de que también los argentinos teníamos una profunda raíz indígena.

Recuerdo haber encontrado discos suyos en casas de amigos no latinos en Israel, Austria, Alemania y Turquía. Y en cada uno de esos lugares sentía una especia de refugio; un lugar propio y querido de pertenencia. Quiero decir con esto que la Negra Sosa fue algo mucho más poderoso que una gran cantante. Fue nuestra carta de presentación en el mundo. Algo de lo que sentirnos orgullosos allí adonde vayamos.

Los discos de Mercedes fueron, muchas veces refugio, cobijo, calor, amistad, mate, tierra, pago, intimidad, comprensión y madre. Esa madre tierra que nos protege y alumbra.

Mercedes, te vamos a extrañar. Ojalá podamos hacer algo para devolver en otros todo lo que nos diste.

“La vida me han prestao y tengo que devolverla, cuando el creador me llame para la entrega….”

Gracias Negra, que bella misión has cumplido en esta tierra…

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